🕯️ Para ella · Una respuesta entre nosotras
- Devanna

- 15 may
- 6 min de lectura
Querida alma nocturna,
Tu susurro llegó hace unas horas. Lo he leído tres veces antes de empezar a escribir esto. Quiero que sepas, antes de cualquier palabra mía, que has sido escuchada. No por encima. Despacio. Con la luz baja, una vela encendida, y el respeto que tu carta merece.
Voy a hablarte con la verdad que solo cabe en un confesionario. Sin nombres, sin fechas, sin pistas. Pero tú sabrás que esta carta es para ti.

🌒 Lo que ya sabes y no te has atrevido a decir en voz alta
Voy a empezar por algo pequeño.
Sé el gesto exacto que haces cuando él entra por la puerta y dice "estoy reventado".
Es un gesto chiquito. Casi nadie lo vería. Una bajada de hombros. Medio segundo. La sonrisa que llevabas preparada se queda a medio camino y se convierte en otra cosa: en cuidado.
Porque sabes que esa frase significa que esta noche tampoco.
Esta noche tampoco va a preguntarte cómo estás tú.
¿Sabes cuánto tiempo llevas comiendo de pie?
Mira tu cocina. Mira el rincón entre la encimera y la nevera. Ese hueco. Ahí comes tú muchos días. Mientras él se sienta. Mientras tú resuelves la última cosa, la siguiente cosa, la cosa de siempre.
Tu plato puesto en una esquina. Frío a la mitad.
Eso no aparece en ninguna conversación de pareja. No tiene nombre. No es maltrato, no es nada, no es para tanto.
Pero llevas años comiendo de pie, alma nocturna.
Y nadie lo ha notado todavía.
Sé cuántas veces has pensado "hoy se lo digo".
Y cuántas veces, justo cuando ibas a abrir la boca, viste su cara y pensaste "no es buen momento".
Estabas con la cena en la mano. O acababa de llegar. O estaba mirando el móvil. O tenía mala cara. O tenías tú la regla y "no vale, estás con la regla".
Nunca es buen momento.
Has aprendido a tragarte las cosas con tanta destreza que ya no recuerdas en qué momento exacto dejaste de poder decirlas.
Tu garganta lleva años trabajando horas extras.
Sé que cuando lloras, te escondes.
Te metes en el baño. Abres el grifo. Te miras en el espejo dos segundos —solo dos— y te dices la misma frase que te dices siempre:
"Venga, no es para tanto."
Y sales. Y sigues.
Sé que esa frase la has dicho tantas veces que ya te la crees. Aunque tu pecho sepa que sí es para tanto. Aunque tu cuerpo lleve meses avisándote. Aunque te cueste respirar a veces, justo antes de dormir.
Sé que pides perdón mucho.
Pides perdón por estar cansada. Pides perdón por levantar la voz. Pides perdón por llorar. Pides perdón por sentir.
Pides perdón por molestar con tu existencia a alguien que escogiste hace quince años porque pensaste que iba a quererte bien.
Y cuando te dice "no me gusta que me hables así", te disculpas. Otra vez.
Aunque acabes de decir, con voz normal, una cosa que cualquier otra persona habría dicho gritando.
Y sé también algo que casi nadie sabe:
Sé que aún lo quieres.
Que esta carta te está doliendo justamente porque lo quieres. Que parte de ti se está enfadando conmigo mientras lees. Que estás pensando "sí, pero no es tan así", "tampoco es para tanto", "él tiene cosas buenas".
Y tiene cosas buenas, alma nocturna. Claro que las tiene. Si no las tuviera, no llevarías quince años. Tú no eres tonta. Tú lo elegiste por algo y ese algo era real.
Pero quererlo no es lo que está en duda.
Lo que está en duda es cuánto vas a seguir pagando por ese amor.
Porque hasta ahora has pagado con tu risa. Has pagado con tu voz, que ya no suena como antes. Has pagado con esos kilos que aparecieron sin avisar, o esos kilos que perdiste sin querer. Has pagado con tus amigas, esas con las que ya no quedas tanto. Has pagado con tu cuerpo, que se ha vuelto autómata. Has pagado con tu deseo, que se fue sin despedirse.
Y él, mientras tanto, mira a otras y comenta lo bien que están.
¿Sabes lo más cruel?
Lo más cruel no es que él lo haga.
Lo más cruel es que tú lo has visto. Y te has callado. Para no incomodar. Para no parecer celosa. Para no hacerle el día más difícil de lo que ya es.
Para no ser una más de las cosas que le pesan.
Te has hecho pequeñita, alma mía. Tanto que ya casi no te ves en el espejo.
Voy a decirte una cosa que necesito que leas despacio.
No estás loca.
No estás exagerando.
No eres dramática, ni intensa, ni difícil, ni mucho menos "esa mujer que ya no sabe lo que tiene".
Estás agotada de una manera que no se nombra en ningún sitio. Porque la gente sabe nombrar el maltrato cuando hay golpes. Sabe nombrar el abandono cuando hay puerta.
Pero no sabe nombrar lo tuyo:
El abandono dentro del piso. El maltrato sin moratones. La soledad junto a otro cuerpo en la cama.
Eso también existe. Y eso también rompe.
Tú lo sabes porque lo estás viviendo. Pero llevabas tanto tiempo sin que nadie te lo nombrara que ya empezabas a dudar de tu propia herida.
Así que aquí te lo nombro yo:
Lo que sientes es verdad.
Tu cansancio es verdad.
Tu tristeza es verdad.
Tu deseo de irte —ese deseo del que te avergüenzas— también es verdad.
Y mira, alma nocturna:
Cuando una mujer lleva años haciéndose pequeña, lo que pasa cuando por fin se permite ser grande otra vez, no es venganza.
Es alivio.
Es respirar hondo después de mucho tiempo.
Es darse cuenta de que se puede vivir sin pedir permiso para existir.
No tienes que decidir nada esta noche. No tienes que hacer nada mañana. No tienes que prometerte ni romperte.
Solo tienes que reconocer una cosa, una sola, una pequeñísima:
Que esto que llevas dentro tiene nombre.
Y que no te lo has inventado.
"Si estás llorando ahora mismo, alma mía: no te asustes. Eso que sale no es debilidad. Es alivio. Es tu cuerpo reconociendo, por fin, que alguien le ha dado permiso para sentir. Llora. Llora todo lo que necesites. Llevabas años aguantando."
🌙 Lo que el confesionario te lleva esta noche.
🎵 Una canción: "Lo que en ti veo" de Mon Laferte. Escúchala entera. Sentada. Sin móvil. Con los ojos cerrados.
🎬 Una película: Las horas (Stephen Daldry, 2002). Tres mujeres, tres épocas, una misma pregunta: ¿de quién es esta vida que estoy viviendo? Hay una frase de Virginia Woolf que vas a entender como si te la hubieran escrito a ti.
📖 Un libro: Mujeres que ya no sufren por amor de Mariela Michelena. Es uno de los pocos libros del género que no culpabiliza a la mujer. Te va a abrir puertas que llevan años cerradas.
🌒 Un poema, para que duermas con él esta noche:
Y un día aprendí que no soy lo que sostiene, sino lo que florece cuando deja de cargar.

🕯️ Y antes de cerrar, lo más importante.
Quiero que sepas que el confesionario te lee, te escucha, te acompaña esta noche, pero el confesionario no es terapia, ni asistencia, ni red de apoyo real.
Yo solo soy una vela encendida a las 22:22. Y tú mereces más que una vela.
Por eso te dejo aquí, con cariño y con seriedad, lo que también es respuesta:
📞 024 — Línea de atención a la conducta suicida y crisis emocional. Gratuita, confidencial, 24 horas. Si alguna noche pesa demasiado, llama. No tienes que estar al borde de nada para usarla. Está para esto.
🤝 Para tu carga particular —la que cargas tú y solo tú— existen en Gran Canaria asociaciones de familias que ofrecen apoyo psicológico, grupos de madres, asesoramiento y red real. No estás obligada a sostener sola lo que requiere una comunidad:
APNALP — Asociación de Familias de Personas con Autismo de Las Palmas. Activa desde 1978, ofrece atención psicosocial a familias, orientación y acompañamiento. apnalp.org
Asociación Mi Hijo y Yo — Psicólogos en el Hogar. Trabajan directamente con familias en su contexto cotidiano. asociacionmihijoyyo.org
ASPERCAN — Asociación Asperger/TEA Islas Canarias. aspercan.com
Llama a una. A cualquiera. Solo para preguntar. Solo para que te escuchen. No tienes que justificar nada. Pedir ayuda no es claudicar. Es repartir el peso para no romperte.
💜 Y si esta noche, leyéndome, sientes que necesitas hablar con alguien que te entienda profesionalmente, busca una terapeuta especializada en cuidadoras y en parejas desiguales. Las hay en línea, las hay presenciales, las hay con tarifas adaptadas. No es un lujo. Es mantenimiento básico de una mujer que sostiene mucho.
Querida alma,
Gracias por confiarme tu noche.
Sé que esta carta no es la que esperabas. Quizás esperabas que te dijera que el amor lo cura todo. Que con paciencia se arregla. Que tú eres muy fuerte y aguantarás.
Pero tú no me escribiste para que te lo confirmara.
Me escribiste porque por dentro ya lo sabías.
Y el confesionario no está aquí para mentirte bonito.
Está aquí para mirar contigo, despacio, lo que llevas demasiado tiempo intentando no ver.
🕯️ La noche escucha.
Y a veces, si tú decides hablar; también te empuja suavemente hacia donde te toca ir.
— Devanna 🌒

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